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Cuando el final Nunca Llega

Claudia - 16/09/2010 12:16 horas  Comentario(s) Enviar la noticia por emailEnviar Noticia

El orgasmo es la tercera fase de la respuesta sexual humana, posterior al deseo y la excitación; es el climax, el final de un encuentro sexual. Desde el punto de vista fisiológico es un reflejo, metaforizando es "un estornudo de placer".
Como todo reflejo, ante un estímulo sobre el clítoris o el punto G (polo sensitivo), con un ritmo y una intensidad particular para cada mujer, se producen contracciones de los músculos perivaginales y perianales (polo motor), las que son vividas como intensamente placenteras. La decodificación de satisfacción la realiza el cerebro, por lo cual, la capacidad de alcanzar el orgasmo en las mujeres está generalmente influida por procesos emocionales.

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La anorgasmia es la dificultad o incapacidad de alcanzar el climax, aunque el deseo y la excitación se hayan producido previamente.
La preocupación por la ausencia del orgasmo femenino es una adquisición de estas últimas décadas, ya que comenzó a considerarse importante el placer de la mujer. Recordemos que el orgasmo femenino no es necesario para la reproducción, por lo cual en otras‚ pocas -no tan lejanas-, no era considerado un problema el no tenerlo. En realidad, era visto como una virtud, ya que las esposas madres no debían comportarse como las mujeres prostituidas.

Actualmente, la posibilidad de alcanzar el orgasmo ocupa en general un lugar muy valorizado en la media social. Su ausencia suele producir frustración, depresión, baja autoestima y sufrimiento en la mujer que no lo logra, así como vivencias de desvalorización masculina en su pareja.

La ausencia de orgasmo sostenida en el tiempo puede provocar dolor pelviano crónico, prurito y flujo vaginal por la falta de descarga de la sangre acumulada en los genitales durante la excitación.

Su falta puede llevar, paulatinamente, a la inhibición del deseo sexual, y a la evitación de situaciones sexuales como forma de defenderse ante la frustración.

Una salida "tramposa" que buscan algunas mujeres es fingir el orgasmo para no sentir vergüenza ante su compañero,

ya que en general le resulta difícil al varón poder percibir el orgasmo de su pareja. Esta aparente "solución", sólo alivia la ansiedad inmediata de la mujer; pero con el tiempo, cuando se instala la mentira se hace muy complicado el desandarla para poder realmente tener orgasmo. Por otro lado, puede aparecer resentimiento ante el varón que disfruta a expensas de una mujer que no lo hace. Así, el conflicto se hace cada vez mayor, ya que la mujer queda atrapada en su propia trampa.

Los diversos autores no se ponen de acuerdo acerca de la incidencia de la anorgasmia femenina. Según diferentes investigaciones entre un 15% y un 50% de las mujeres padecen de esta dificultad en algún momento de sus vidas.

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La mayoría de las mujeres logran alcanzar el orgasmo con sus parejas un tiempo después de haber comenzado su vida sexual activa. Esto se debe a que el orgasmo se produce ante todo por aprendizaje; la mujer necesita conocer su cuerpo y sus genitales, saber cómo responde ante los diferentes estímulos. También necesita conocer y familiarizarse con las actitudes de su compañero así como vivenciar un clima de confianza y serenidad para entregarse a la relación.

La mayoría de las causas que inhiben el orgasmo femenino son de índole psicológica, leve o profunda. En las mujeres la anorgasmia puede producirse por:
Falta de conocimiento del funcionamiento de los propios genitales. Suele ocurrir en aquellas mujeres que nunca se permitieron masturbarse.
Un pobre juego sexual previo que no incrementa el nivel de excitación.
Una estimulación insuficiente en cuanto a la duración, el ritmo, el tipo de caricia o de zona específica.
Dificultades para entregarse libremente a la relación sexual.

Estar muy pendiente de alcanzarlo. La autobservación inhibe el descontrol.
Dificultades para dejarse ir, descontrolarse, ya que durante el orgasmo se producen segundos de desconexión, por ello se lo llama "la petit mort" (la pequeña muerte).

Tener una personalidad inhibida, con actitudes negativas y prejuiciosas con respecto a la sexualidad.
Dificultades en la relación de pareja en general. Aquí¡ la anorgasmia puede resultar un castigo o estar representando una lucha por el poder en la pareja.

La incidencia de las causas de origen orgánico es baja. Entre ellas podemos mencionar trastornos neurológicos, endocrinos y ciertos medicamentos que bloquean la descarga orgásmica.

Uno de los elementos fundamentales que entra en juego para poder conectarse o no con el placer es el Sistema de Valores sexuales de cada persona. Es así que los diferentes maneras de estimulación para alcanzar el orgasmo no siempre son vividos con naturalidad por uno o ambos miembros de la pareja. Hay quienes piensan que masturbarse es malo o degenerado, o que sólo el orgasmo en coito (con penetración) es lo normal.

Lo "normal" en sexualidad depende de las ideas personales, acorde a su educación, su personalidad, su historia y sus experiencias de vida. Resulta conveniente que los miembros de una pareja puedan compartir y acordar en sus ideas con respecto a las conductas sexuales habituales y necesarias para cada uno de ellos, para evitar la comúnmente llamada "incompatibilidad sexual".

Lo que categóricamente podemos llamar "anormal o inadecuado" es el forzar al otro a determinadas situaciones sexuales sin su consentimiento; aunque sea con un simple beso, se este  violando la intimidad personal.

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Podemos clasificar la anorgasmia - como a todas las disfunciones sexuales en:
La anorgasmia primaria es la que se produce en las mujeres que nunca alcanzaron el orgasmo ante diferentes estímulos (masturbación, caricias genitales manuales u orales, con penetración).

La anorgasmia secundaria es la que acaece en mujeres que tuvieron un período previo en el que lograban el orgasmo por cualquiera de los medios mencionados anteriormente

La anorgasmia total es la que sucede cuando la mujer no logra el orgasmo con ningún estímulo.

La anorgasmia parcial es aquella por la cual la mujer logra el orgasmo con determinado estímulo y no con otro. Por ejemplo, puede darse el caso de que tenga orgasmo por autoestimulación a solas, y no en compañía, o que lo logre sólo estimulando su clítoris durante el coito, o sólo por estimulación manual o oral de su compañero o sólo durante la penetración.

En este caso dependerá de la vivencia personal de satisfacción o no para que la dificultad se convierta en un problema para la mujer o su pareja. En este sentido, el desconocimiento, las creencias y prejuicios influyen negativamente en la vivencia de satisfacción, ya que existen varones y mujeres que valoran más el logro orgásmico a través de determinado estímulo (generalmente la penetración).

La anorgasmia situacional es la que se produce cuando la mujer no alcanza el orgasmo en determinadas situaciones o con determinados compañeros sexuales.

Es importante tener en cuenta que las mujeres tenemos una zona particular promotora del orgasmo, el clítoris. Alrededor de un 30% de las mujeres agregan otra zona para su descarga orgásmica, el punto G. Este último se encuentra en el tercio exterior de la vagina, tiene una contextura rugosa de unos 2 cm. de diámetro, y necesita ser estimulado a través de la presión, a diferencia del clítoris que, en general, necesita caricias suaves y húmedas. El punto G es un residuo prostático embrionario que no todas las mujeres conservan, o que no todas las mujeres se lo han descubierto.

Sigmund Freud consideraba que las mujeres que tenían orgasmo por estimulación del clítoris eran infantiles; y que debían realizar un paso hacia el orgasmo vaginal para madurar sexualmente. Actualmente, luego de las investigaciones de Williams Masters y Virginia Johnson, se sabe que esa dicotomía no existe, ya que el orgasmo es clitorideo-vaginal, es decir, que ante el estímulo del clítoris, se producen contracciones vaginales.

Aún hoy, muchas personas continúan sosteniendo las teorías de Freud en este sentido, por lo cual se sienten desvalorizadas por no lograr el esperado orgasmo vaginal sin estimular el clítoris. En realidad, para que esto suceda, la mujer debería tener el punto G o buscar determinadas posiciones coitales que estimulen el clítoris indirectamente.

Por otro lado, las mujeres podemos ser monorgásmicas (tener un solo orgasmo y quedar satisfechas) o multiorgásmicas (necesitar varios orgasmos en un mismo encuentro para descargar la tensión sexual acumulada).

Aunque de hecho, estos estilos diferentes no implican calidades orgásmicas diferentes, los prejuicios y desconocimientos pueden provocar desavenencias conyugales:

Cuando ante el primer orgasmo de su pareja, el hombre da por terminada la escena sexual y la mujer queda con necesidad de continuar con la estimulación, si ella no lo explicita puede crearse una situación de insatisfacción sexual permanente.

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No es necesario que el varón mantenga su erección durante todos los orgasmos de su pareja, ya que como mencionamos anteriormente existen otras maneras de estimulación tan gratificantes como el coito.

 Cuando ante una mujer monorgásmica, el varón reacciona insistiendo en la estimulación para que ella tenga más orgasmos, sin que su compañera lo necesite, se crea la sensación de insatisfacción por la exigencia del varón. Este suele comparar a su pareja con mujeres multiorgásmicas; para estos hombres, un solo orgasmo de su mujer resulta poco o se sienten malos amantes, cuando en realidad para ella es suficiente.

Eventualmente las mujeres orgásmicas pueden no tener un orgasmo en algún encuentro sexual. No es terrible, ni es un problema; éste se instala cuando la ausencia de orgasmo se hace permanente.

La comunicación con la pareja es indispensable para lograr una vida satisfactoria en general y sexual en particular. Incorporando a la vida cotidiana el conversar acerca de las propias necesidades, ideas y gustos sexuales permite un mayor acercamiento y conocimiento recíproco.

La anorgasmia femenina es el motivo de consulta más frecuente al especialista; y, acorde al diagnóstico preciso, su tratamiento tiene un alto porcentaje de éxito en tiempos relativamente cortos.

Trastornos de la sexualidad femenina
Recordemos que, fisiológicamente, la excitación se manifiesta como la llegada de sangre a la zona genital. Las mujeres necesitamos alrededor de 500 centímetros cúbicos para que la congestión pelviana alcanzada nos permita ingresar en la plataforma que impulsa el orgasmo. Además, durante la excitación la vagina se lubrica para que la penetración no sea dolorosa.

Estos cambios genitales van acompañados a su vez por modificaciones en todo el organismo: la respiración comienza a acelerarse y agitarse, el pulso cardíaco también se acelera, aumenta la temperatura externa del cuerpo llevando a la sudoración. Los pechos aumentan de tamaño, los pezones se yerguen. Los músculos van poniéndose cada vez más tensos, todo el cuerpo "se prepara para la lucha". Como sucede también en la práctica de los deportes, toda actividad física requiere de un precalentamiento.

Hasta aquí, sólo estamos mencionando las modificaciones que se relacionan con la fisiología; sin embargo lo emocional y la relación de pareja influyen decisivamente en la capacidad de despertar al organismo físico.

Las perturbaciones en la excitación pueden ser motivadas por diversas situaciones. La más común es la estimulación inadecuada, en cantidad y en calidad.

En relación a la calidad, si el compañero no sabe cuáles zonas corporales de su mujer son más sensibles, o qué tipo de estímulo, con qué ritmo y frecuencia su pareja lo necesita, lo más probable es que haga lo que supone que es correcto, aunque tal vez no lo sea. Cada mujer es única y tiene necesidades únicas.

Para poder congeniar y conocerse recíprocamente es imprescindible el diálogo abierto entre los miembros de la pareja acerca de los gustos, preferencias y necesidades sexuales de cada uno.

En relación a la cantidad, otra situación ligada a la anterior es el escaso o inexistente juego sexual previo. La pareja no utiliza diversas conductas sexuales que puedan estimularlos e incrementar su deseo, ni se detienen largamente en cada una de ellas. Pasan directamente -o casi directamente- a practicar la penetración.

Las mujeres necesitamos entre 20 y 40 minutos para que nuestro cuerpo esté disponible para completar la respuesta sexual. Los tiempos dependerán de las características de personalidad de cada mujer, del tipo de relación de pareja, del conocimiento y la confianza recíprocas, del momento vital, del estado de ánimo situacional, entre otras cuestiones.

Pero más allá de todo esto, los tiempos femeninos son más prolongados que los masculinos, por mandatos culturales y también por las diferencias en nuestras estructuras anatómicas genitales. El varón sólo necesita entre 70 y 90 mm. para llenar de sangre su pene, las mujeres necesitamos 500mm. Además no tenemos reservorios que dificulten la vuelta de la sangre a la corriente general, como sí tiene el varón.

Teniendo en claro las necesidades fisiológicas de las mujeres para alcanzar una plena excitación, es importante que recordemos la influencia de las emociones en la capacidad de dejarse llevar por el placer.

Una mujer enojada, triste, preocupada, asustada, no se excitará. Tanto sean estos sentimientos movilizados por motivos ajenos a la pareja, o por motivos relacionados con la pareja.

Es necesario evaluar si la dificultad con la excitación ocurre desde siempre y con todas las parejas sexuales (por lo cual, es posible que se trate de una perturbación personal), o si se trata de una situación ocasional de momentos afectivos determinados pero no permanentes o con determinado tipo de hombre (donde puede tratarse entonces del estilo de relación de pareja).

Recapitulando:

Una mujer mal estimulada, poco estimulada o con sentimientos negativos en su mente durante el encuentro sexual, no se excitará o lo hará escasamente, empobreciendo su satisfacción personal y, probablemente, la de su pareja

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